Escrito por: Andrés Ortega
Esta sección abordara maravillosas historias de mujeres que han impactado positivamente el entorno rural de sus territorios, cada una de ellas ha ejercido un liderazgo incidente y movilizatorio en sus regiones. En esta ocasión, narraremos el liderazgo del colectivo Mujeres soberanas de la tierra como se autodenominan, ellas están ubicadas en las veredas de Santo Domingo, El Pindo, a Paz y La Guayana, en el municipio de Villamaría (Caldas), un grupo de mujeres campesinas ha venido configurando una experiencia organizativa que trasciende la lógica económica del intercambio de alimentos. El denominado mercado veredal, liderado por el colectivo Mujeres Soberanas de la Tierra, según el periódico de la Patria es “Un grupo de 20 campesinas de Villamaría (Caldas) que conformaron una agremiación, Mujeres Soberanas. El programa busca la autonomía y la reivindicación de la mujer rural en el departamento”, surgiendo como una “estrategia comunitaria que articula producción, comercialización y organización social, y que permite comprender cómo se construye la soberanía alimentaria desde prácticas cotidianas situadas en contextos rurales”. (Franco-Patiño, 2025).
Lejos de limitarse a un circuito corto de comercialización, el mercado veredal se constituye como una apuesta ética y política frente al modelo agroalimentario dominante. En este sentido, la soberanía alimentaria “se entiende como el derecho de las comunidades a decidir qué producir, cómo hacerlo y para quién, situando a las personas y sus territorios en el centro de los sistemas alimentarios” (Franco-Patiño, 2025). Esta perspectiva, en diálogo con los planteamientos de la vía campesina, cuestiona los enfoques institucionales centrados en la seguridad alimentaria y propone una mirada que articula producción, cultura y autonomía.
En este proceso, las mujeres campesinas desempeñan un papel fundamental. No solo participan en la producción de alimentos, sino que también asumen funciones clave en la gestión del mercado: organización de pedidos, acopio, distribución y articulación comunitaria. Sin embargo, “gran parte de este trabajo permanece invisibilizado y no remunerado, al estar subsumido dentro de las labores de cuidado y sostenimiento de las unidades productivas familiares” (Franco-Patiño, 2025). Esta situación refleja la persistencia de desigualdades estructurales de sexo y género en el ámbito rural.
Esta soberanía también se manifiesta en la relación que establecen con la tierra, para estas mujeres, la tierra no es únicamente un medio de producción, sino una fuente de vida que se cuida y se respeta. La noción de “madre tierra” refleja una relación simbólica y práctica basada en el cuidado mutuo: así como la tierra nutre, las mujeres la protegen y la sostienen. Esta perspectiva se articula con saberes tradicionales y prácticas agroecológicas que buscan preservar la diversidad de cultivos y garantizar alimentos saludables para sus familias y comunidades.
En el ámbito comunitario, la soberanía se amplía y adquiere una dimensión colectiva, a través de iniciativas como el mercado veredal, las mujeres no solo comercializan productos, sino que “construyen redes de apoyo, intercambian saberes y fortalecen su capacidad de incidencia en decisiones comunitarias. En estos espacios, se reconocen como sujetas políticas capaces de organizar, gestionar y transformar su entorno, desafiando las estructuras tradicionales que han relegado su participación” (Franco-Patiño, 2025).
Las historias de vida de mujeres rurales en Colombia muestran que estas experiencias están profundamente marcadas por la resistencia y la capacidad de transformación. Mujeres que han enfrentado condiciones de desplazamiento, precariedad y desigualdad han logrado sostener a sus familias y comunidades a través del trabajo, el liderazgo y el cuidado. En estos relatos, se evidencia que el rol de las mujeres no se limita al ámbito doméstico, sino que se extiende a la construcción de tejido social, la transmisión de saberes y la generación de alternativas económicas y comunitarias (Agencia Nacional de Tierras, 2023).
Sin embargo, esta construcción de soberanía no está exenta de tensiones, las mujeres continúan asumiendo una carga desproporcionada de trabajo, al combinar labores productivas, comunitarias y de cuidado. A pesar de ello, han logrado resignificar estas prácticas, reconociéndolas como un aporte fundamental para la sostenibilidad de la vida y como un espacio desde el cual ejercer poder y autonomía. Como lo plantean diversas iniciativas de mujeres rurales, su capacidad de “crear y sembrar vida” no solo transforma sus condiciones materiales, sino también las relaciones sociales y los imaginarios sobre su lugar en la sociedad (Fondo Acción, 2020).
En este contexto, las mujeres soberanas de la tierra en Villamaría no solo producen alimentos: producen comunidad, sostienen vínculos y construyen alternativas frente a modelos de desarrollo que priorizan la rentabilidad sobre la vida. Su soberanía se materializa en la capacidad de decidir, de cuidar y de organizar, configurando un horizonte donde la dignidad, la autonomía y el reconocimiento de su labor ocupan un lugar central.
Referencias bibliográficas.
Agencia Nacional de Tierras. (2023). Historias de vida: Mujeres transformadoras de la Colombia rural.
Fondo Acción. (2020). Mujeres rurales: Seis historias sobre el poder transformador femenino.
Franco-Patiño, S. M. (2025). Mercado veredal: una iniciativa de mujeres rurales para la soberanía alimentaria local. Revista Chilena de Nutrición, 52(Supl. 3), 62–69.