“El Peso de Ser Suficiente”

Escrito por: Leidy Tami*

¿Cuántas veces nos encontramos entre la espada y la pared, al tratar de no perdernos a nosotros mismos mientras nos esforzamos por llenar expectativas ajenas? Ya sea por compromiso, por deber, por gratitud e incluso por amor. Es indispensable ser cuidadoso, porque el amor auténtico posee todas las virtudes de las cuales carece el tan redundante apego, un farsante que se atribuye méritos que definitivamente no son suyos, pero ese es tema para otra ocasión. Y no está mal, ¿sabes? vivir con intención y atención hacía las personas que amamos. De hecho, servir es una vocación que llena el alma, y el deber cumplido manifiesta cierta satisfacción personal; sin embargo, ser empáticos o responsables en un contexto social, laboral o familiar no implica sacrificar la lealtad a sí mismos, ¿No lo crees? Es que tal parece, estamos un poco infravalorados… y no precisamente por los demás.

La constante presión externa a la que estamos expuestos nos constriñe hasta dejarnos allá, en el fondo, como en una caverna silenciosa y solitaria. No siempre el héroe llega para sacarte del exilio; muchas, pero muchísimas veces deberás ser tú, el valiente que se rescate de sus propios miedos. Yo diría que la fortaleza se halla en el mismo principio que aplicamos cuando movemos cielo y tierra por alguien más:  Amor. Así es, si puedes amar tanto a otra persona para mantenerte en pie a su lado, aunque duela, ¿Por qué no hacerlo por ti mismo, cuando TÚ eres la persona más valiosa en tu vida?  Si no logramos vernos de este modo sin hacer un tremendo esfuerzo, definitivamente algo está mal y lo más probable es que esto tenga que ver con que llevamos mucho tiempo viviendo para otros.

Necesitamos aceptar que los procesos difíciles hacen parte del camino e intrínsecamente debemos afrontarlos de uno u otro modo, con seguridad, con dudas o en el peor de los casos, temblando de miedo. Lo importante es no quedarnos quietos. Y entiendo, seguro existen razones que justifican el estancamiento, claro que sí y eso sólo puede significar que existen también muchas más para levantase y avanzar. Merecemos darnos la oportunidad de escuchar nuestra propia voz para poder manifestarla. Te aseguro que cuando empezamos a hacer eso, se destiende un poco esa presión que nos asfixia y sentimos los primeros atisbos de holgura, una holgura que invita a tomar las riendas, a revolucionarnos y romper el falso confort de dejarnos comandar para delegar responsabilidades y “escapar” del miedo. No siempre tenemos las respuestas correctas o las soluciones perfectas y no podemos permitir que esto atrofie nuestra capacidad de creer o de seguir intentando; por otra parte, es seguro que los demás pueden equivocarse también de vez en cuando y no tiene sentido cargar con el peso de otros a cuestas. Debes permitirte tener control sobre lo que propicias, eso incluye cuanta de tu libertad le entregas a situaciones o personas. 

La vida es tan corta cuando se da algo por hecho y tan larga cuando no hay un propósito. Yo propongo que empecemos por el bienestar personal, lo cual implica priorizar nuestra paz mental y estabilidad emocional. Pronto es momento de abandonar el sobre pensar y las charlas reiteradas que nos mantienen en un bucle inoficioso y dañino. ¿A que nos resignamos cuando dejamos una parte de nuestra mente ahogándose en la ducha mientras salimos al mundo a cumplir horarios, a pagar facturas, a cumplir compromisos, a quedar bien con otras personas, mientras alguna sobredosis de cortisol nos empaña las noches de tanto en tanto?  Llega el momento de abordar la vida con autoliderazgo, de abandonar esa rutina en la que dejamos pasar las horas pensando largo y lento. Aprender a confiar en nosotros mismos exige vernos con los ojos de aquellos a quienes tememos escuchar, quizá porque nos recuerdan la cantidad absurda de potencial que nos habita, aguardando tan solo la breve oportunidad de ser valorada para tomar acción. Y estas verdades implican que tenemos las herramientas para dirigir nuestra vida mejor de lo que esperábamos, sólo es cuestión de arriesgarse a romper las barreras que hemos puesto.

No estamos hechos para encajar, ni mucho menos para “ser” lo que se espera que hagamos. Estamos hechos para ser auténticos y desde esa particularidad construirnos y transforme el mundo. ¡Así que, vamos! Es hora de tomar decisiones, de sanar miedos, de comenzar a movernos poco a poco, a hablar más alto, a decir “No” cuando lo sentimos necesario y gritar “sí” cada vez que el impulso nos arrebata el pecho. Dejarse fluir también se refiere a ser, sin diluirse en el oleaje de un millar de almas que también luchan a diario por encontrar su propia voz. Al fin y al cabo, nadie puede vivir tu vida, así como tú no vivirás la vida de nadie. Hagamos que valga la pena, pero, sobre todo, que valga la alegría.

*Leidy Tami: Artista, escritora y soñadora.

Compartir

Otras noticias