Reseña escrita por: Luis Carlos Cepeda*
Buenas. Este año, hasta donde las circunstancias nos lo permitan, estaremos reseñando cada mes un libro. No habrá temas, autores ni géneros específicos. Los libros reseñados serán elegidos al arbitrio de este servidor, procurando en lo posible que dicha elección sea de lo más selecta y variada.
Para esta ocasión, iniciaremos con Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, del escritor japonés Haruki Murakami. Si aún no ha leído nada del señor Murakami, no estaría mal primero darse una vuelta por alguna de sus obras un tanto más ligeras. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es extensa y algo compleja, por lo que comenzar con ella podría disuadir la lectura de este gran autor.
Fin de los avisos parroquiales.
Cansado de lo rutinario de su trabajo en un bufete de abogados, Tooru Okada, el protagonista de esta historia, decide renunciar a él. Mientras consigue un nuevo empleo, pasa los días como amo de casa, situación que a su esposa Kumiko parece no molestarle.
Ahora que tiene más tiempo libre, Tooru sale a buscar a Noboru Wataya, su gato, que lleva semanas sin dar señales de vida. Inicia su búsqueda en un callejón muy cerca de casa, donde sospecha que podría estar. Durante la visita al callejón, conoce a May Kasahara, una simpática adolescente que vive en el sector. También, descubre una casa abandonada que tiene en su interior una estatua de un pájaro de piedra y un pozo de agua en desuso. Del gato no hay noticias, y spoiler, seguirá desaparecido hasta casi el final de la novela.
Algo importante que debo comentarles del libro es que su ritmo narrativo oscila entre el presente y extensos recuerdos del pasado. Y también en varias dimensiones temporales, por lo que habrá momentos, al igual que Tooru, donde usted se sienta perdido y diferenciar la realidad de lo onírico le cueste trabajo.
Tooru lleva en apariencia una vida normal, sin demasiados sobresaltos. Pero tras renunciar al bufete de abogados, será sacudido por una serie de eventos extraños y desconcertantes.
A petición de Kumiko, Tooru contacta a una vidente para que les ayude a encontrar al gato. La vidente no ayuda en nada, pero le presenta a su hermana menor, con la que Tooru más adelante tendrá un amorío breve. Tooru descubre que alguien le ha regalado a su esposa una costosa colonia y días después ella desaparece. Luego, Kumiko le envía una carta a Tooru confesándole que le ha sido infiel, y por largo tiempo, que perdone las molestias por marcharse de casa sin decir nada, y que no la espere porque no va a volver.
A estas alturas, de seguro se estará preguntando, ¿cómo es que pasamos de un gato perdido a la ruptura del hogar de los Okada? Lo sé, es bastante información por procesar, y créame, se pone más denso aún. Pero no se preocupe, vaya con calma. Tal cual el autor del libro considera su escritura, una maratón, asimismo usted considere su lectura. Cuídese de gastar energía en vano intentando comprender ciertos sucesos, y verá como a lo largo de la obra los aparentes cabos sueltos comienzan a atarse.
En medio de todo este caos, Tooru se hace amigo de May Kasahara. Se ven con relativa frecuencia, tienen charlas existenciales en el jardín de la casa de la chica, y hasta salen a la calle a clasificar cabezas calvas, un trabajo a medio tiempo que tiene ella en una empresa de pelucas. Otra mujer con la que entabla relación es con Creta Kano, la hermana de la vidente. Ella, después de contarle su pasado a Tooru y de mantener encuentros íntimos con él, físicos y mentales, le propone que se vayan a vivir a una isla en el Mediterráneo.
Y es aquí donde se da uno de los momentos más significativos de la novela, o al menos para mí. Nuestro protagonista, un treintañero común y corriente, cuya existencia antes de los recientes acontecimientos era ordinaria y anodina, decide declinar la oferta de Creta y concentrarse en descubrir qué carajos está pasando con su vida y cómo llegó hasta aquí.
Irse de Japón tal vez era la oportunidad perfecta para empezar de nuevo, y quizás también la decisión más razonable. No tiene empleo, ni casa, ni hijos y su esposa lo ha dejado así sin más después de seis años de casados. Pero Tooru sabe que huir no resolverá nada. Necesita confrontarse a sí mismo, descender a lo más profundo y oscuro de su alma y enfrentar sus miedos. Además, le urge saber el paradero de Kumiko, que rehúsa verse con él y de quien sospecha está en peligro.
En esa búsqueda de respuestas, Tooru seguirá encontrándose con más personajes y situaciones enigmáticas. Como el teniente Mamiya, un amigo de un viejo conocido de Tooru, que le cuenta a este último cómo, durante su participación en la guerra de Manchuria, vio desollar vivo a un oficial japonés, entre otros eventos traumáticos. O la peculiar mancha azul que le sale a Tooru en la cara, que le servirá después para ganar cientos de yenes y comprarse una casa. Una casa abandonada con un pozo profundo y una estatua de un pájaro de piedra.
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es una obra compleja, delirante, surreal, adictiva y, si se quiere, algo triste. En ella, Murakami nos muestra esas luchas internas y vacíos existenciales que de a poco comienzan a consumirnos, a corroernos, a robarnos el aliento. Pero también retrata esa persistencia humana por no sucumbir ante lo absurdo, ante el dolor, por esa búsqueda de sentido, a veces intermitente, que se convierte en la única manera de aferrarnos a la vida.
Esta novela te despabila, te despierta de ese loop constante en el que solemos vivir. Por desgracia, necesitamos duros golpes de realidad para percatarnos de lo frágiles que somos. Solo cuando experimentamos episodios dolorosos como la pérdida de un ser querido o la marcha de alguien que amamos, nos damos cuenta de que estar vivos, como recién le escuché a un escritor colombiano, no es normal, es un milagro. Un milagro con fecha de caducidad.
*Luis Carlos Cepeda: Escritor creativo con formación en Derecho y Ciencias Sociales. Investigador, promotor cultural, redactor de contenidos y autor de publicaciones académicas y literarias.