Escrito por: Luis Carlos Cepeda
«[…] Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Víctor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página «¿Y ahora qué, qué va a pasar?»»[1]. Esas eran las palabras de Mario Vargas Llosa tras leer la trilogía Millennium, situación muy similar a la experimentada por cientos de lectores de la obra.
A esta saga le guardo un gran aprecio. Con ella descubrí que la realidad no es suficiente, se necesitan más dimensiones para poder habitar nuestros otros yo. Además, consolidó en mí el hábito de la lectura y convirtió a los libros en una de mis mayores alegrías. Por esa razón, hoy les hablaré de su primer tomo: Los hombres que no amaban a las mujeres, que puede leerse de manera independiente a los demás.
Henrik Vanger, un magnate sueco en retiro, le pide al reconocido periodista Mikael Blomkvist que le ayude a esclarecer la desaparición de su sobrina Harriet Vanger, ocurrida hace más de treinta y seis años. Él cree que fue asesinada y está seguro de que el responsable es alguien de su familia. A Mikael no le suena mucho la idea, acaba de perder un juicio contra un reconocido empresario por un tema de difamación, así que no anda de humor para buscar gente perdida. Sin embargo, accede cuando Henrik, además de ofrecerle una generosa suma por el trabajo, le promete entregarle en bandeja de plata a ese reconocido empresario con el que tiene problemas.
Para iniciar su investigación, Mikael se traslada a la isla de Hedeby, en Hedestad, un pequeño pueblo al norte de Suecia, donde vive la familia Vanger. Allí, Henry le entrega el material que guarda sobre Harriet: informes policiales, fotografías y algunos objetos personales de ella, entre los que destaca una libreta con extrañas anotaciones. También le advierte a Mikael que tenga cuidado con su familia, es gente avara, deshonesta, facha y con simpatía por el mismísimo Hitler.
Antes de continuar con el caso Harriet, quiero presentarles a Lisbeth Salander, coprotagonista de esta historia y uno de los personajes femeninos más memorables de la literatura moderna. Ella es una chica brillante, de una inteligencia superlativa. Su increíble habilidad para las computadoras la hace una superhacker y la mejor investigadora de Milton Segurity, la empresa donde trabaja.
Todo va bien con ella hasta que debe interactuar con otras personas. Ese carácter difícil y la forma como se viste y actúa, alejado de los clásicos estándares femeninos, la hacen ver como un bicho raro y una antisocial. Lo que nadie sabe es que ese bicho raro tiene un pasado complejo, marcado por abusos y violencia, al que a su manera y con sus propios medios ha logrado sobrevivir. Su dureza, más que una actitud, es el blindaje para repeler esa sociedad que la ha marginado desde pequeña.
Al revisar el material entregado por Henrik, Mikael realiza dos hallazgos importantes. En las fotografías del desfile del Día del Niño de 1966, día de la desaparición de Harriet, ella adopta durante un momento una actitud de miedo, como si hubiese visto algo que la perturbara, y huye del lugar. El segundo hallazgo se da gracias a la hija de Mikael, que luego de visitarlo en la isla, le hace ver a este que las anotaciones en la libreta son referencias a pasajes bíblicos, lo que él corrobora al consultar la Biblia.
Como cada vez debe analizar más información, Mikael le pide al abogado de Henrik, el señor Frode, que le consiga un asistente como apoyo investigativo. El señor Frode le dice que por supuesto, que de hecho tiene a la candidata perfecta.
—¿Así, y quién es esa?, pregunta Mikael.
—Se llama Lisbeth Salander, es una investigadora excepcional. Elaboró un informe muy completo y riguroso sobre usted.
—¿Estuvieron investigando mi vida? —replica Blomkvist sorprendido.
—Tranquilo, hombre, son cuestiones de procedimiento. Lo importante aquí es que ella es la persona indicada para esta tarea. Créame, yo sé por qué le digo.
A partir de ese momento, se da la junta menos pensada pero efectiva de la trama. Mikael y Lisbeth, don correcto y doña lo hago a mi manera, unen esfuerzos para desenmarañar la extraña desaparición de Harriet. Lo que hallaran será turbio, returbio. Violaciones, mutilaciones, sadismo y crímenes de odio son parte de las atrocidades cometidas por alguien que desprecia a las mujeres y que, ¡oh sorpresa!, está ligado al clan Vanger. Henrik tenía razón, hay un asesino en la familia.
Las investigaciones continúan y el dúo dinámico está muy cerca de llegar al fondo del asunto. Mientras Lisbeth revisa los archivos del grupo Vanger, Mikael, sospechando quién podría estar detrás de toda esta movida psicópata, se introduce de manera clandestina en la casa de este, con tan mala fortuna de ser sorprendido en el acto. El asesino lo obliga a bajar al sótano, donde tiene adaptada una cámara de tortura, y allí lo golpea y lo encadena.
Mientras está por matarlo, le cuenta con serenidad y de manera pormenorizada cómo procede frente a sus víctimas. —¿Y Harriet?, ¿qué pasó con Harriet?, le pregunta Mikael al asesino, y este le responde que no la mató, lo hubiera hecho de ser posible, pero ella desapareció primero. —¿Sigue viva? —No lo sé, creí que lo averiguarías —dice exasperado el asesino, disponiéndose a silenciar a Mikael.
Los hombres que no amaban a las mujeres es un libro apasionante, adictivo, de esos que te atrapan desde el inicio y del que quedas picado una vez lo terminas. Misterios, crímenes, sorpresas, aventuras y personajes entrañables hacen parte del fantástico entramado en que se ve envuelto el lector.
Esta novela, más allá de proponer la resolución de un crimen, expone la corrupción y el abuso de poder que se da en las instituciones y en las personas de prestigio, que con frecuencia suele quedar impune. Sin embargo, para fortuna nuestra, Larsson creó a una justiciera informática capaz de vengar esas injusticias y de redimir a los marginados. Una heroína anónima consciente de que ni el establecimiento ni las personas vendrán a ayudarla.
Y tal vez este sea uno de los aspectos que más abraza el lector. La idea, como dice Vargas Llosa, «de que no todo está perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, allá, refundido entre la multitud», existe alguien dispuesto a enfrentar a todo el que quiera pasarse de listo y ventajoso, en especial con los más indefensos.
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[1] El País, SL, 2009. Mario Vargas Llosa, Lisbeth Salander debe vivir. https://elpais.com/diario/2009/09/06/opinion/1252188011_850215.html