A Don José Beltrán, “Don Pepito”, por su escucha, su cariño, su amabilidad y apertura siempre para compartir su sabiduría y amor por el territorio.
Escrito por: Lisbeth Meneses
El agua dibuja sinuosas líneas en la topografía del paisaje, ríos, lagos, lagunas, quebradas, riachuelos, aljibes, arroyos, y dos océanos armonizan los caminos de esta, nuestra tierra colombiana. El agua con su movimiento, con sus enigmas y su potencia vital, cambia de color, de forma y convoca variedad en fauna y flora.
En el encanto del Guaviare, hacia el suroriente del país región amazónica, en su capital San José, una extensa roca marca el recorrido del río, ambos juegan en el cauce formando pozos – conocidos como piscinas naturales –, el agua forma un espectáculo de cascadas y texturas, que hay que darse la oportunidad de admirar. También, cuenta con pasos donde el agua crea un efecto visual, se percibe oscura desde afuera, pero una vez se ingresa revela su cristalinidad y sus dos corrientes, agua fría y caliente, que confunden aún más a los sentidos.
Al seguir el recorrido del agua en este departamento, aparece un jardín que invita a observar, Miraflores, allí llaman a los pequeños afluentes que alimentan el río Vaupés: caños – los cuales difieren bastante, al concepto capitalino en Bogotá – aquí el fondo se pude mirar con transparencia, en estos, el piso de piedrecillas finas se mueve y se desliza al sonar de la corriente, que a veces de manera silenciosa desplaza a quienes en ellos se bañan.
En este municipio, cambia el paisaje según la época del año, con dos temporadas de invierno, es en los meses de mayo y junio, donde más crece el río, entre casas y calles que antes se puede caminar, se extienden tablones que forman puentes, de manera inimaginada se ven peces y una que otra serpiente pasando por el lado y debajo de las casas palafíticas como si fuera un gran acuario, las canoas se tornan el medio de transporte en las puertas de las casas, la vegetación queda ahora en el fondo del río y de esos arbustos de arazá dispuestos en el camino, solo quedan para verse un poco de sus ramas[1].
Para habitantes y visitantes de Miraflores, su cotidianidad tiene el río, y aunque no sea cierto, hay quienes dicen que “los bocachicos ruñen la luna” de tanto que se sube el agua …. también hay quienes creen que el río no debe pasar la cruz que está puesta cerca al antiguo muelle, pues la tierra sobre la cual está – que antes contaba tristes y tormentosas historias -, fue bendecida por el cielo por medio de un sacerdote, esta cruz dispuesta allí se erige, según sus voces, como un límite y un llamado al agua para que no corra más, evitando inundaciones más allá de lo que para ellos, ya es normal.
Ya cuando el agua empieza a descender, se quitan los tablones, las canoas y potrillos[2] ya no tienen por puerto la entrada de la casa, sino que se disponen donde inicia el río, ya a los árboles se les vuelve a ver sus copas y troncos. Un nuevo reto es para quienes navegan, pues al bajar el nivel del río, obliga a motoristas y pescadores a tomar con precaución partes donde troncos se atraviesan y plantas del fondo pueden enredar, por eso en su experiencia, es necesario bajarse y empujar.
El agua recorre una y otra vez Miraflores, en el río, siempre transitan lanchas que llevan a varias personas que tranquilamente van sentados formando una imagen irreal, el borde de la lancha se ve a borde del agua … otras que por el contrario parecen un tren fluvial formado por varios vagones en los que se ven mercados, ganado, otros animales, maquinaria y la tripulación, otras que son las rápidas llamadas deslizadores, pues llevan pasajeros en un poco menos de 10 horas de Miraflores a Calamar – pues las otras toman como 2 días –, también se ven las apacibles canoas y potrillos.
Un majestuoso recorrido de aguas en este imponente río Vaupés, que va develando caseríos y pueblos en sus riberas, un río que da regalos, como ver pececillos saltando desesperados a la lancha y que con destreza hay que agarrar y devolver, o pequeños monos que, con tonos blancos y rojizos, dan reporte de su presencia cuando se siente que semillas están cayendo sobre la cabeza, es en este imponente río que en sus aguas navega anhelos y sueños de perseverancia, resiliencia y paz.
[1] Normalmente el río sube hasta 2 metros. Cada año se adelanta gestión del riesgo para tomar acciones de reubicación de la población presente en la periferia, en caso de requerirse.
[2] Pequeñas embarcaciones de madera, capacidad máxima 3 personas, usadas para pesca y transporte personal principalmente por comunidad indígena.